Biblioteca del Dandy

Dentro de la literatura sobre el dandismo (la que analiza y dilucida el fenómeno), los autores clásicos –y hemos indicado ya que sus textos siguen siendo fundamentales- son primordialmente franceses. El dandismo fue antes inglés que francés, pero ha sido en Francia donde más se ha intentado –hasta hoy- el estudio y la comprensión del Dandy. Los clásicos son, sobre todo, Balzac, Barbey d’Aurevilly y Baudelaire. De ellos hablaremos.

La confrontación del sustantivo “dandismo” y del apellido “Balzac” suele resultar sorpresiva. Porque Balzac se nos aparece a todos (a través de los retratos y de su linfa en el texto) como un hombre gordo, opulento, desaseado, con abrigos de inmensos y deformados bolsillos en los que se diría llevase restos del esplendor de las cortesanas, de la señorita Grandet, de Goriot y de los cafés, árboles y callejas del París que anduvo, infatigable, día tras día. Al igual que Galdós se anduvo Madrid y Dickens la servidumbre del Londres de Victoria, donde las ruedas de un tilbury arrastraban barro en costanillas y rincones con costra de humanidad y mugre. Balzac se nos aparece como uno de estos grandes viejos de la novela realista (el término crítico no debería ser ajeno a las precisiones), competidores de la vida en un texto (inmenso: no sinécdoque, sino imagen) que se eleva y arde y dice como un mar, en el que se vive la vida u otra vida, o esa posibilidad de sendas vitales que es todo texto. Pero ¿dandismo?

Honoré de Balzac (1799-1850) había vuelto a instalarse en París tras un primer intento de asalto al mundo de las letras  que le había devuelto –cansado y sin un céntimo- a la casa paterna. Monta una pequeña imprenta donde pretende hacer una edición cuidada de las obras de Molière, que cree –junto al regusto literario- una labor rentable. Y, mientras, comienza a trabaja en su Comedia Humana. (Había empezado a escribir años antes, en 1821, bajo el signo agotador, pero prestigioso, de la entonces tan en boga “novela histórica”). Su soñado negocio de imprenta fracasará, pero lo que ahora nos interesa del detalle biográfico es la geografía. El pequeño taller de imprenta estaba situado en Marais de Saint-Germain, uno de los lugares aristocráticos y fashionables de París que instauraría a Luis Felipe.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *